¿Es Bíblico Reclamarle a Dios?

Hace poco tiempo alguien me compartía que durante un período de prueba y enfermedad le reclamaba a Dios, diciéndole: “No entiendo por qué me pasa esto”.

Mientras hacía esto, crecía más en frustración, sentimiento de abandono y aún resentido con Dios porque había permitido que esto pasara. El decía: “Yo le he servido en fe y obediencia todos estos años, y no entiendo porqué Dios permite que me pase esto”.

La pregunta es: ¿Es Bíblico reclamarle a Dios?

Es Bíblico Reclamarle a Dios

Durante mis viajes en Latinoamérica, he oído a predicadores decir desde sus púlpitos y aún por televisión que cuando tienen algún tipo de reto o necesidad, ellos le reclaman (le demandan, le exigen respuesta) a Dios.

Se supone que desde el momento que una persona cree tener el derecho de reclamar algo es porque:

  1. Se merece lo que está exigiendo.
  2. Se encuentra en una posición de autoridad sobre quien debe (está obligado) a cumplir con sus exigencias.

Esta lógica pudiera tener algo de peso si se tratase de relaciones entre humanos, sin embargo, en lo que concierne a Dios, el Creador del universo, dueño de todo, quien manipula todo lo creado conforme al antojo de Su voluntad, entonces las cosas cambian.

El salmista dice:

¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites? Salmos 8:4

Para empezar, no somos iguales. Él es Creador, nosotros somos criaturas. Él y sus pensamientos están muy por encima de nosotros.

Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. Isaías 55:9

Permítame, probarle con buena teología, lo lejos que ese concepto de reclamarle a Dios está de la verdad.

Primero. No estamos en posición de exigir porque Dios no nos debe nada.

Solo puedes exigir cuando has trabajado por algo, te lo has ganado y ahora se te tiene que pagar. Por ejemplo: Tu has trabajado toda la semana y llegó el Viernes. Tu empleador ahora está obligado a pagarte lo que te debe. Te lo has ganado, es tuyo, te pertenece, lo puedes reclamar.

Sin embargo, todo lo que has recibido de Dios ha sido por gracia. La salvación, y todos sus beneficios, todo lo bueno, “toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto” (Santiago 1:17).

Si tu te hubieras ganado el favor de Dios (salvación, sanidad, protección) por medio de tus obras, entonces podrías reclamar, pero la realidad es todo lo contrario.

Veamos lo que dice el texto sagrado:

Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda… Romanos 4:4

En otras palabras, Dios estaría en deuda contigo, si tu hubieras conseguido todo por obras. Pero, ya sabemos que eso no es posible. Tus obras son como “trapo de inmundicia” (Isaías 64:6).

Todo lo has recibido por gracia, esto es “favor inmerecido”. No tenemos derecho a reclamar nada, porque la realidad es que no lo merecemos, sin embargo, Dios en su misericordia te ha bendecido en gran manera (aunque no lo merecíamos) y esto produce ‘agradecimiento’ (más sobre esto debajo).

El resto del texto en Romanos 5, o sea la idea contrapuesta al versículo 4 nos muestra que, como no es por obras, entonces ‘no se nos cuenta por salario’, o sea, no lo podemos reclamar, pues no trabajamos para ello.

Leamos el texto:

…mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. Romanos 4:5

Dios no está obligado a nada

Un argumento que usan los predicadores que “demandan”, los que “decretan”, o “exigen a Dios” es que ellos dicen que Dios está ‘obligado a cumplir su palabra’, en otras palabras, ‘está atado a su palabra’.

Este fundamento se derrumba fácilmente por varias razones.

Primero, esta escuela de pensamiento ignora totalmente las doctrinas de la Soberanía de Dios. Su dogma es ‘humanismo secular’, lo cual enseña que el hombre está en total control de su vida y su destino (por medio de lo que cree o confiesa con su boca). El hombre está en el centro de todo, él es (según este pensamiento) el centro de la creación.

No solo esta escuela eleva el ego, al intentar la criatura subir y ser igual que el Creador, también es un engaño peligroso que trae decepción, desilusión y dolor, cuando ese ser humano se encuentra con la realidad que Dios está en control, no está obligado a nada, y no debe nada.

Y esto me lleva al segundo punto importante:

Segundo. No somos iguales.

Acabo de decirle que la escuela (de reclamarle a Dios) eleva el ego, al intentar “subir y ser igual que el Creador”. Y ¿de donde proviene esta idea?

¿Quien fue la primera criatura que intentó igualarse al Creador?

Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Isaías 14:13,14

Cuando tu sientes que tienes el derecho de reclamarle a Dios, es porque estás siendo tentado. Así es. Esa obra proviene del tentador que ahora opera por medio de tu carne. El deseo de demandar, exigir, como si fuese un derecho, algo merecido.

La iglesia que evita el dolor

Una de las razones por las cuales hoy en día (desde los púlpitos) es popular la idea de evitar padecimientos es porque la iglesia contemporánea opera conforme a los estandartes del mundo y no conforme a consejo sagrado.

En una sociedad de consumo inundada por gratificación instantánea, los conceptos de “buena vida” y “éxito” están tergiversados.

El Domingo, la predicación se tratará de ti. Tu eres el centro del mensaje. Cómo ser amado, respetado y querido por todos. Aún te dirán que si tienes fe y confiesas o profesas positivamente, evitarás pruebas, no vendrán problemas, nuca padecerás aflicciones.

Pero esto es contrario al mensaje del Evangelio. Este Evangelio no gira alrededor nuestro. Gira alrededor de Jesucristo. Jesús ES el centro del Evangelio, y todo lo que hacemos cuando nos reunimos debe girar alrededor de él.

La fe es para el día de la prueba

Contrario a la enseñanza de que si tienes fe, evitarás aflicciones, está el mensaje verdadero de que la fe es probada por medio de las aflicciones.

…la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará… 1 Corintios 3:13

Sí, tendremos aflicciones en este mundo.

En el mundo tendréis aflicción… Jn 16:33

La buena noticia viene en la parte que sigue en ese texto: “pero confiad, yo he vencido al mundo”.

“Confiad” significa “tener fe”.

Dios domina sobre la creación

Decir que nosotros estamos en control y somos dueños de nuestro destino… y aún más, decir que por nuestra fe, confesión, reclamos, declaraciones, podemos conseguir beneficios no es solamente absurdo, tampoco es Bíblico.

Dios es Soberano y hace lo que Él quiere. Manipula a todas sus criaturas y su creación conforme a su antojo.

Todo cuanto el SEÑOR quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos. Salmos 135:6

Nuestro Dios está en los cielos; El hace lo que le place. Salmos 115:3

…que declaro el fin desde el principio y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho. Yo digo: Mi propósito será establecido, y todo lo que quiero realizaré. Isaías 46:10

Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? Romanos 9:20

Queda la oración

Algo que alegarían los que suscriben a esta fatal idea de “reclamarle a Dios” para defender su punto, es que “si Dios está en control, y ordena nuestros pasos desde antes, entonces “para qué vamos a orar”.

La confusión está en que ellos creen que el acto de “demandarle” o “exigirle” a Dios es un acto de fe, y de paso una forma de orar con fe.

¿Será, que el hecho de que Dios es Soberano, anula la oración? En otras palabras, si Dios de todas formas va a hacer lo que Él quiere ¿para que vamos a orar? ¿Cierto?

Esta manera de razonar es a lo que acá en Estados Unidos llamamos “either or”. O sea, hay solo dos alternativas y tiene que ser una o la otra. O es negro o es blanco. O es un extremo o es otro extremo.

Es una manera extremista de razonar, y que no se puede aplicar a los principios de interpretación Bíblica.

La oración no invalida la Soberanía de Dios, y la Soberanía de Dios no invalida la oración. Ambas van de la mano.

La oración funciona, pero comienza con el acto de sumisión, donde reconocemos que Dios está en control, y que nosotros nos acercamos con humildad porque somos nosotros quienes lo necesitamos a Él, y no al revés.

Sí, nos acercamos confiados pero con respeto. De la manera que expondrías tu asunto delante de un rey terrenal, te acercarías a su trono con respeto, pedirías lo que (crees que) necesitas, pero del rey tendrá la última palabra.

Así es como nos acercamos a Dios, confiadamente le pedimos (sin exigencias) lo que nosotros (creemos que necesitamos) pero al final, Él (que sí sabe lo que necesitamos) nos responderá conforme a lo que el sabe y cree que es mejor para nosotros. Entonces…

1- Nos acercamos confiadamente a Dios para pedirle.

Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Hebreos 4:16

2- Él nos responderá conforme a su soberana voluntad.

Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. 1 Juan 5:14

Consecuencias de contender con Dios

¿Qué sucede cuando una persona tercamente se cree con el derecho de reclamarle, exigirle algo a Dios?

Vemos los textos sagrados…

Los que contienden con el SEÑOR serán quebrantados, El tronará desde los cielos contra ellos. 1 Samuel 2:10 (LBLA)

¡Ay del que contiende con su Hacedor, el tiesto entre los tiestos de tierra! ¿Dirá el barro al alfarero: “Qué haces”? ¿O tu obra dirá: “El no tiene manos”? Isaías 45:9 (LBLA)

El resultado de contender, (ponernos a la altura de), reclamarle a Dios es quebrantamiento.

Cuando nos enaltecemos y desafiamos la voluntad de Dios, somos quebrantados.

La buena noticia es que si tu equivocadamente has estado errada(o) en ese tipo de pensamiento, hoy puedes corregir tu manera de pensar en creer al respecto. Una vez que te alineas a la voluntad y propósito de Dios para tu vida, entonces le seguirás por las razones correcta y no para obtener beneficios temporales.

Siguiendo a Jesús por quien Él es y no por beneficios

Dije antes que escribiría más sobre ‘agradecimiento’.

Es una buena razón cuando seguimos a Jesús porque estamos agradecidos con Él. Lo sigues por quien Él es. Porque le amas y estás tan agradecido con Él.

Sin esperar beneficios temporales o terrenales, le sigues. De esa manera estás dispuesto a padecer por Él, a ser perseguido por su causa, y en esto encuentras gozo y contentamiento.

El Apóstol Pablo padeció persecuciones, naufragios, hambre, traiciones, torturas, y aún enfermedades, y jamás le reclamó a Dios.

Estaba gozoso, por el privilegio de padecer por Cristo.

Veamos estos textos:

23 ¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. 24 De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. 25 Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; 26 en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; 27 en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez… 2 Corintios 11:23-27

Pues vosotros sabéis que a causa de una enfermedad del cuerpo os anuncié el evangelio al principio Gálatas 4:13

Hoy podemos tener gozo y paz en medio de nuestras pruebas y aflicciones. Una vez que entendemos que Dios es por nosotros y que no permitirá sobre nosotros más de lo que podemos resistir, entonces podemos reposar, caminar en tranquilidad, confiados que Él nos ama y su socorro vendrá de la manera que Él quiere y a su debido tiempo.

Pero los que hemos creído entramos en el reposo… Hebreos 4:3

Nota: Todos los textos han sido tomados de la versión Reina Valera Revisada 1960, excepto donde se indique.

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