“Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. Daniel 9:24”

El cumplirse esta profecía recibimos tres cosas:

1- Jesús puso fin al pecado.

2- Jesús expió la iniquidad.

3- Jesús trajo justicia perdurable.

Lo que quiere decir que por el perfecto sacrificio que él hizo, nuestro pecado ha sido quitado (recuerde lo que dijo Juan el Bautista: Este es el cordero de Dios que QUITA el pecado del mundo); también de la misma manera toda iniquidad (o desobediencia) ya fue expiada y por su gracia hemos sido declarados justos.

Su Justicia en tí no es algo que se interrumpe cuando desobedeces y luego se repara cada vez que te arrepientes. No, no, no… esa justicia es eterna e ininterrumpida. Ese trabajo ya está completado.

Recibe eso. Camina en paz completa, sin culpas ni remordimientos.