Hay una especie de entusiasmo acerca de la benevolencia de Dios. Él no espera que nos acerquemos a él. Él nos busca, porque es su placer de hacernos bien.

Y te hará Jehová tu Dios abundar en toda obra de tus manos, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, para bien; porque Jehová volverá a gozarse sobre ti para bien, de la manera que se gozó sobre tus padres, (Deuteronomio 30:9 RVR1960)