“La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Apocalipsis 21:23”

De la misma manera que Cristo “El Cordero de Diós” ha ya comenzado a alumbrar nuestra vida, desde el día en que fuimos “traspasados de las tinieblas a su reino”… así también seremos alumbrados por la eternidad en la Santa Ciudad de Dios.

Ahí, Dios personalmente alumbrará toda la Ciudad con su gloria.

Por supuesto, la luz en que caminamos ahora no se puede comparar en nada con la luz de su resplandor en la Santa Ciudad. El mismo Cristo (el Cordero) es nuestra lumbrera eterna.

Diga: ¡Amén!